La coordinadora del estudio Natalia Mattioli, explicó que esta investigación evidencia las dificultades de estas mujeres en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y el acceso a los servicios de salud en Montevideo, pero principalmente deja de manifiesto la falta de capacitación del personal encargado de los servicios de salud ante las especificidades que estas requieren.
Con la presencia del equipo encargado de la investigación, representantes de organizaciones de mujeres con discapacidad y responsables de las divisiones de salud y accesibilidad de la comuna departamental, se presentó el estudio realizado entre septiembre del 2010 y julio del 2011 en diferentes centros de salud, que involucran tres hospitales nucleados en ASSE, tres policlínicas municipales y tres centros privados, además de una encuesta a 140 mujeres con diferentes tipos de discapacidad.
Las principales barreras detectadas en el estudio son:
- Barreras físicas, referente a la infraestructura de los centros de salud que es inaccesible y no se cumple con las normas UNIT; así como la infraestructura médico-sanitaria resulta inaccesible, en particular la camilla ginecológica y el mamógrafo.
- Barreras de comunicación, que tienen que ver con la discapacidad sensorial y mental. En los centros de salud casi no existen dispositivos comunicacionales accesibles: material gráfico en braille y/o letra grande, en formato audio descriptivo, e interpretación de lengua de señas uruguaya (muchas mujeres no acuden a un ginecólogo por no tener un intérprete).
- Barreras en el acceso a la información, se refiere a que el personal de la salud en general desconoce las necesidades específicas de las mujeres con discapacidad. La mayoría de las mujeres entrevistadas no han recibido información en temas de salud sexual y reproductiva, y en los casos en los cuales la recibieron la información no era inclusiva.
- Barreras actitudinales: hace referencia a los prejuicios, estigmas y estereotipos culturalmente atribuidos a las mujeres con discapacidad (negación de su sexualidad e infantilización de la misma), y desconocimiento sobre esta población (consideración de las personas con discapacidad como un grupo uniforme y monolítico sin considerar las necesidades específicas de cada discapacidad) conllevan al desarrollo de prácticas altamente discriminatorias.