Informe semanal: Alcoholismo y discapacidad
Categoria: Notas
Comienza el verano y el consumo de alcohol en los jóvenes se dispara sin
ningún tipo de regulación eficiente por parte de la Salud Pública. Según
estadísticas recientes, en nuestro país mueren 3.000 jóvenes por año, de
entre 15 y 25 años por causas relacionadas al consumo excesivo de alcohol,
y el doble de esa cifra adquieren una discapacidad de por vida. Del mismo
modo, beber alcohol durante el embarazo puede provocar en el bebé defectos
congénitos físicos y mentales.
En la actualidad, el alcoholismo es considerado en sí mismo una enfermedad
discapacitante, ya que se trata de una dolencia crónica progresiva que
afecta al cerebro.
En un esclarecedor artículo, el Dr. José Antonio Elizondo López de la
Fundación de Investigaciones Sociales de México afirma que “el alcoholismo
es una enfermedad incurable (crónica), recurrente (evoluciona con
recaídas), insidiosa (es silenciosa, los síntomas clínicos frecuentemente
se confunden con el bebedor excesivo), progresiva (las complicaciones a
nivel personal, familiar, laboral y social son cada vez más graves),
discapacitante (provoca incapacidad a nivel neuro-cerebral,
psico-emocional, familiar y social) y mortal (el alcoholismo no tratado
conduce irremisiblemente hacia la muerte)”.
El eje de esta perspectiva se centra en que el alcoholismo logra
discapacitar porque el principal órgano afectado por el excesivo y
frecuente consumo de alcohol es el cerebro. Como consecuencia de esta
intoxicación crónica se provoca una discapacidad a niveles neurológico,
cognoscitivo y psicoemocional.
Del mismo modo, imaginarse todo este proceso potenciado en un cuerpo en
gestación nos puede dar un drástico panorama de lo que el alcohol puede
provocar en un bebé dentro del vientre de su madre.
Pero no es solamente por el consumo directo que este vínculo entre
discapacidad y alcoholismo se encuentra tan entramado. Como uno de los
principales responsables de los accidentes de tránsito, el alcohol ha
quebrado la salud de una inmensa cantidad de conductores y de terceros,
entre ellos sus propios familiares y amigos, y personas inocentes que se
cruzaron a su paso.
En países como el nuestro, donde el tejido social se encuentra gravemente
dañado y donde el desempleo y la falta de expectativas respecto del futuro
empujan a millones de personas, jóvenes y adultos, hacia la pérdida de
sentido, el alcohol y las drogas se vuelven un refugio evasivo que termina
por convertirse en una prisión del alma, de los sueños, del potencial
humano para transformar su entorno y su destino.
A pesar de este panorama tan grave y desolador, no bastan las campañas y
la información que circula socialmente, como también sigue siendo poco
aquello que desde el Estado y la Salud Pública se trabaja por orientar a
los jóvenes y regular la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad.
Ha comenzado la temporada de vacaciones, donde el consumo de alcohol se
dispara sin ningún tipo de contención y sólo quienes han sufrido en carne
propia las consecuencias de esta falta de previsión saben la importancia
de estar informados para prevenir una tragedia.
Intentaremos entonces profundizar sin rodeos en este vínculo evitable con
el objetivo de desmenuzar todas las posibles consecuencias y los procesos
a partir de los cuales el consumo irresponsable de alcohol puede afectar a
la sociedad toda.
Usina de discapacidad
Junto con la pobreza, el accidente cerebro-vascular y sus múltiples
disparadores sociales, el daño ambiental y los accidentes de tránsito, el
consumo de alcohol constituye una de las principales “fábricas” de
discapacidad.
Cuando una campaña de tránsito o un spot publicitario de fin de año nos
muestra de manera más o menos abstracta las consecuencias letales de su
ingesta irresponsable, suelen omitir que la discapacidad también es una
posible meta al final de una carrera que sólo conduce al desconsuelo.
Según datos recientes 6.000 jóvenes adquieren discapacidad cada año
producto del consumo alcohólico sin límites y muchas veces alentado por la
sociedad de consumo y la cultura capitalista; realmente es una dolorosa
cifra que puede ser evitable con información y consejo. Y si a esta
estadística le sumamos el consumo adulto, las cifras realmente se tornan
escalofriantes.
Según datos del ISEV (Instituto de Seguridad y Educación Vial), publicados
por el diario Clarín a mediados de 2008, solamente durante el año 2007,
35.770 personas sufrieron lesiones graves, una cifra superior a la de 2006
(31.025), y de todos ellos cerca de 12.000 personas (33 por día, en
promedio), adquirieron discapacidades físicas permanentes, la mayoría de
ellos son menores de 30 años.
¿Pero por qué hablamos de costo social? Más allá de los daños que se
puedan ocasionar a terceros, el sistema de salud pública se hace cargo en
la mayoría de los casos de los cuidados iniciales, que suelen ser los más
caros, y de este aspecto también suele hablarse poco.
Ya está por demás comprobado que la prohibición del alcohol y las vedas de
consumo, sobre todo en adolescentes, no surten efecto e incluso suelen ser
contraproducentes.
Los adolescentes necesitan comprender, procesar y sentirse dueños de sus
propias decisiones. Para que esto suceda es esencial que tanto los padres
como los ámbitos de formación se transformen en los mejores consejeros y
ayuden a generar una intuición propia. Pero para poder asumir este rol es
fundamental tener una clara visión respecto de los daños concretos que
puede provocar no sólo la dependencia, sino una única noche de exceso.
Dependiendo de las dosis consumidas, el alcohol tiene un efecto directo
sobre el sistema nervioso central, “deprimiéndolo” e interfiriendo sobre
su armónico funcionamiento.
“Al tomar alcohol, el 20% se absorbe en el estómago, el 80% lo hace en
intestino delgado. Así, el 90% se va a metabolizar en el hígado y el 10%
restante de elimina mediante el aire espirado, la orina y la transpiración
(de allí que cuando se hacen controles de alcoholemia, lo que se está
midiendo es el alcohol que se elimina mediante el aire espirado y de ahí
se calcula una equivalencia de lo que hay en sangre). El hígado lo
metaboliza y lo transforma en acetaldehído y agua, y si bien hay pequeñas
diferencias entre persona y persona determinadas genéticamente, la
velocidad ronda en alrededor de 10g. de alcohol puro (una copa de vino o
lata de cerveza) por hora, es decir que si consumimos más de esa cantidad
en una hora, lo que sobra va por sangre a cerebro y queda en el cuerpo
hasta que el hígado lo pueda metabolizar”, explica el Dr. José Antonio
Elizondo López.
En estos casos, cuando los niveles de alcohol se vuelven tóxicos, los
efectos colaterales pueden ser la pérdida de conciencia (que puede a su
vez derivar en un coma) y luego el paro respiratorio. Esto sucede porque
las neuronas que regulan el acto de respirar dejan de funcionar, lo que
deriva en muerte. Por otra parte, los efectos de la ingesta están
estrechamente relacionados con el peso y con el alimento consumido
previamente por cada persona.
Elizondo López afirma que un litro de vino (que posee 15% de graduación
alcohólica) tiene 150g. de alcohol puro y en un adolescente que pesa 60
Kg., la dosis letal podrían ser 2 litros de vino. Aunque se han registrado
comas alcohólicos en adolescentes de 60 Kg, por haberlo consumirlo muy
rápido y o con el estómago vacío.
Otro aspecto a destacar es que debido a su metabolismo, las mujeres se
encuentran en una zona de mayor riesgo respecto de los hombres. Esto se
explica en que poseen más grasa y menos agua que el varón, y porque al
tener mayormente una estructura corporal más pequeña, sus órganos también
lo son y corren mayor riesgo de daño. Por ejemplo, si una mujer bebe la
misma cantidad de alcohol que un hombre, su sangre absorberá entre un 30 y
50% más.
El Dr. Elizondo López advierte además que el riesgo cardiológico también
es mayore en la mujer, ya que “necesitan un 60% menos de alcohol para
sufrir el mismo daño”.
Hace algunos años un grupo de investigadores del Departamento de
Epidemiología y de la Escuela de Salud Pública de la Tulane University,
Nueva Orleáns (EE.UU), dio los resultados de un estudio sobre la
asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo relativo de sufrir un
accidente vascular cerebral, una de las consecuencias discapacitantes más
violentas. Los autores hallaron que el consumo elevado de alcohol se
asociaba con un incremento relativo del accidente vascular cerebral,
total, isquémico y hemorrágico. Según este estudio, los factores de riesgo
corresponden con:
- Hipertensión arterial inducida por el alcohol.
- Cardiomiopatía alcohólica.
- Trastornos de la coagulación.
- Fibrilación auricular.
- Reducción del flujo sanguíneo cerebral.
Como se mencionó anteriormente, otros de los factores desencadenantes de
discapacidad son los accidentes de tránsito causados por la ingesta de
alcohol.
Según el último relevamiento de la Agencia Nacional de Seguridad Vial
(ANSV) dos jóvenes (promedio de hasta 24 años) mueren por día en
accidentes automovilísticos provocados por el alcohol. Un tercio del total
de 7.552 muertes por accidentes fatales de tránsito en el país podrían
haberse evitado si los conductores hubiesen moderado o evitado el consumo
alcohólico.
Según informó reciente del periódico La Nación con motivo de la
publicación de estas cifras, la Asociación Luchemos por la Vida afirma que
los jóvenes alcoholizados protagonizan el 65% de los accidentes viales.
Una gran proporción de estos accidentes no serían provocados por
conductores con grandes borracheras, sino por personas que bebieron
superando un límite y como no perciben efectos severos se confían.
El alcohol en el organismo provoca que las respuestas y las maniobras ante
cualquier eventualidad al volante sean lentas y torpes. Esto se debe a que
los sentidos se embotan y disminuye la capacidad de atención normal. Pero
como a su vez las bebidas alcohólicas crean una falsa sensación de
seguridad, los conductores se sienten confiados de sus capacidades. Sin
embargo, un estudio de la Organización Panamericana de la Salud asegura
que un conductor que bebe antes de conducir tiene 17 veces más riesgo de
provocar un accidente fatal evitable.
Este último factor, la previsibilidad, es primordial a la hora de generar
las medidas adecuadas para intervenir frente a esta problemática social.
En este sentido, una medida ejemplar fue puesta en marcha en Brasil, donde
a partir del creciente porcentaje de muertes provocadas por accidentes
viales, se creó una forma de “ley seca”, que prohibió el alcohol para los
conductores y que logró disminuir en un 22,6 % el número de muertes
causadas por accidentes de tránsito en las ciudades capitales del país.
Del mismo modo el número de hospitalizaciones por accidentes
automovilísticos, que cayeron en un 23,2 %.
Trastornos del espectro alcohólico fetal
Se ha comprobado que beber alcohol durante el embarazo puede causar en el
bebé diferentes defectos congénitos físicos y mentales. De hecho el
“Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal” es una de las causas más
frecuentes de retraso mental de los niños Y uno de los grandes riesgos se
presenta más allá de una ingesta a conciencia, ya que muchas mujeres no
saben que están embarazadas durante los primeros meses de su embarazo.
El término “trastornos del espectro alcohólico fetal” (o FASD, por su
sigla en inglés) contiene numerosos problemas asociados con la exposición
al alcohol del bebé antes de su nacimiento. La incidencia de estos
trastornos alcanzan al 1% de la población Europea.
Contrario a lo que muchas mujeres suponen, no hay una medida de ingesta
que puede resultar indiferente para el niño en desarrollo.
La Fundación “March of Dimes”, recomienda a las mujeres embarazadas
abstenerse totalmente de ingerir cualquier bebida alcohólica durante todo
el período de embarazo y lactancia.
El Dr. Francisco Pascual Pastor, miembro de la Junta Directiva de
Socidrogalcohol y coordinador asesor técnico de Federación de Alcohólicos
Rehabilitados de España, asegura que “desde hace muchísimos años se sabe
que el consumo de alcohol durante el embarazo produce retraso mental y
malformaciones al nacer, pudiendo afectar al 1% de la población total de
Europa, aunque no obstante este síndrome es prevenible en un 100%. El
término ‘trastorno del espectro alcohólico fetal’ describe los diferentes
síntomas que aparecen de forma individual en aquellos niños cuyas madres
han estado consumiendo bebidas alcohólicas durante el embarazo, incluyendo
complicaciones físicas, psíquicas, conductuales, alteraciones en el
aprendizaje y posibles secuelas a lo largo de la vida”.
Según los últimos estudios manejados en España, se pudo saber que la
afectación, sobre todo neurológica, que produce el alcohol en el cerebro
fetal, puede perdurar hasta la edad adulta. La causa es la alteración de
los péptidos, las neurotrofinas, ya que la exposición al alcohol durante
el período de formación fetal puede ser especialmente destructiva para
estas neurotrofinas. Estos péptidos desempeñan un papel importante en el
proceso de aprendizaje y en la memoria.
Estos hallazgos confirmaron que si el consumo se produce durante las 10
primeras semanas los riesgos de malformaciones pueden afectar las
siguientes áreas orgánicas:
- Cardíacas (10-20%): C.I.A., C.I.V., tetralogía Fallot, canal
atrioventricular.
- Renales (5-10%): aplasia, ectopia e hidronefrosis.
- Genitourinarias: hipospadias, criptorquidia o vagina doble.
- Esqueléticas: falanges ausentes, sinóstosis, pectus excavatum, escoliosis.
- De pie: hirsutismo, angiomas tuberosos o fosita sacra.
- Alteraciones del sistema nervioso, oculares y de la boca.
- Tumores embrionarios: hepatoblastoma y neuroblastoma.
- Si la ingesta se mantuvo durante el tercer trimestre: disminución peso y
talla.
- Si se produce entre la semana 12 y 18: alteraciones del Sistema Nervioso
Central.
Otros síntomas pueden comprender dismorfismo craneofacial característico y
consistente en microcefalia, lesiones cerebrales, hirsutismo frontal,
ptosis, estrabismo, miopía, epicantus, oblicuidad antimongoloide, nariz
aplastada, silla de montar e hipoplasia mandibular, paladar alto, boca
grande y labios finos; además de un desarrollo psicomotor deficiente o
límite (borderline), inquietud, hiperexcitabilidad e insomnio.
Para poder poner al alcance de la sociedad la información necesaria para
evitar estas secuelas 100% prevenibles, muchos países han decidido elegir
la fecha simbólica del 9/9 (por los nueve meses de embarazo) como el “Día
Mundial del Síndrome Alcohólico Fetal”.
La importancia de esta concientización supera ampliamente las barreras
sociales, educativas y culturales, ya que la ingesta de alcohol en el
embarazo es una práctica habitual en el 25% de madres españolas, un 35-50%
de mujeres en Holanda y la cifra es superada en el Reino Unido e Irlanda.
En nuestro país aún no existen campañas masivas específicas.
Alcoholismo y marginación de las personas con discapacidad
Por último cabe mencionar que siendo el abuso de alcohol y de drogas
legales e ilegales un problema grave para los sectores marginales y las
minorías, el colectivo de personas con discapacidad representa una franja
social altamente vulnerable ante esta problemática.
No suele ser frecuente que desde las asociaciones de discapacidad se
debatan estos temas tan complejos pero tan apremiantes. Quizás al ser la
discapacidad muchas veces medicalizada, y en una sociedad que contiene
químicamente a los niños con problemas de conducta, las cosas se tornen
más difíciles aún.
Los factores del alcoholismo en las personas con discapacidad son
innumerables, y entre ellos podemos citar la baja autoestima; la
discriminación; la falta de acceso a la vida independiente, la educación,
el trabajo, la salud y la rehabilitación; las dificultades para conseguir
construir un vínculo afectivo y/o la falta de escucha y compresión de la
comunidad.
Es impostergable, pues, que se desarrollen campañas específicas para este
colectivo, ya desde la educación especial y en los centros de adultos. El
alcoholismo amplifica en gran medida la vulnerabilidad de las personas con
discapacidad y los expone a situaciones de violencia, abuso y muerte,
retrasando o anulando los procesos de integración.
Quizás una de las claves principales para lograr transformar esta realidad
radique una vez más en la interacción de las asociaciones y de los
organismos que tanto desde los ámbitos de discapacidad, recuperación del
alcoholismo y vialidad puedan articular sus recursos y saberes con apoyo
del Estado y de los medios de comunicación.
Debemos corrernos las vendas de una vez por todas, como sociedad en
conjunto para terminar de comprender que una vida humana no puede valer
menos que una copa de alcohol. Muchas son las personas enfermas que se
encuentran atrapadas en una verdadera adicción, sin poder sobreponerse
desde su propia voluntad, pero muchas más son las que, pudiendo decidir,
arriesgan su integridad y la de los demás en una situación de
esparcimiento. Allí, junto con los colectivos vulnerables, es donde se
hace más necesario un trabajo intenso y sostenido que no dependerá
únicamente de las campañas, sino de la responsabilidad individual
entrelazada en fuerza social.
Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar
Fuentes consultadas:
- El alcoholismo: enfermedad cerebral y discapacitante / Dr. José Antonio
Elizondo López / Fundación de Investigaciones Sociales / México.
- Dr. Eduardo Oro / Sociedad Argentina de Pediatría (filial San Luis).
- Diario Clarín.
- Diario La Nación.
- Jano.es